viernes, 28 de agosto de 2009

U.N.C. Filosofía y Humanidades


Llegás tarde.
Desparramás un par de bancos
te hacen lugar.

Sacás los apuntes.
Una bic se cae.
Alguien mira.
Alguien sorbe un mate.
Alguien mensajea.

Estás ahí.
Tranquilamente la ves pasar.
Primero como si nada.
Pasa por delante.
Por atrás.
A un costado.

Te esquiva sin problemas
y por un instante absurdo
pensás sencillamente que te evade


Y esa hojita rallada oficio
Ledesma
Avón
Rivadavia

que arrancó la profesora
o un ayudante
o tal vez un compañero que quiere irse antes de hora.

Siempre adelantándose.

Trabaja.
Llega tarde.

Porque se aburre
o no compro los apuntes.

La listita de asistencia
que firma uno antes que vos.

Después otro se la pasa a un amigo
un íntimo
digo…
de fiesta
de grupo
de curso de nivelación.

Instantes antes las miradas cómplices confirman.
Aseguran.
Planifican.

La hora pasa.
Las palabras siguen.
La listita lentamente se escapa.
Se aleja.

Pedís que la acerquen.
¡No!
No lo conocés al de al lado.
Al que tiene la lista, tampoco.

Pip. Pip.
Un Nokia 1.100.
Eterno.
Hay que hacer un monumento a ese aparato.
A la linternita.
Todos lo saben.
Cuántas veces lo suicidaron
y él,
persistiendo en vivir.
Que absurdo.
¿Existencial?
No sé.
¡No!

Tan sólo un desliz transnacional.

¿Traspirás?
Un poco.
¿Por qué?
La ves pasar y fuiste.

No conviene hablar alto.
Interrumpir.
La profesora.
Discurre…
Discu…rre.
Abú…re.

No.

Hay que aprobar.

Reiniciar.
Formatear la situación.

Hacés el gesto.
Uno te ve.
Ahí viene.

Uno firma.
Pone la matricula.
Está cerca de ti.

No.

De vos.

La lista queda en la misma hilera.
En donde estás.
Sentado.
Sí.
Ahora llega.

Ponés el nombre.
Matrícula.
Firma.
Mails.

Termina la hora.

Sí.

El cuatrimestre.

También.

Un día más.


Sí…

También…



No hay comentarios:

Publicar un comentario